|
Un caso interesante:
Fui a teñirme el cabello
y noté que mi estilista estaba más reservada
de lo usual y le pregunté: ¿Por qué
tan callada?, y respondió: Estoy cansada
de que nadie aprecie mi trabajo.
Me explicó que continuamente amistades y familiares
le piden gratis cortes, peinados, tintes de cabello y
siempre accede, pero mientras más los complace,
más favores le exigen y menos valoran su sacrificio.
Al igual que ella, seguramente has tratado con alguien
que no considera tus cualidades. Quizás son tus
hijos, tu pareja, tu jefe, o la amiga que frecuentemente
te pide ayuda pero nunca está disponible cuando
tú la necesitas. ¿Por qué otros no
aprecian tus esfuerzos?
Existe una verdad que dice: Los seres humanos no
valoramos lo que nos llega fácilmente. Este
principio aplica en todos los aspectos de la vida, incluyendo
nuestras relaciones personales y los negocios.
Si existe alguien que no valora tu tiempo y esfuerzo es
porque simplemente los regalas con mucha facilidad. Entonces,
¿qué hacer para que te den ese mérito?
Por años he enseñado el Arte de Negociar
en el mundo corporativo y me he dado cuenta que las técnicas
de negociación que enseño a los ejecutivos,
para que sus clientes y proveedores valoren sus servicios,
son las mismas estrategias que debemos aplicar cotidianamente
en todo.
Por ejemplo, cuando un cliente pide un descuento, aunque
el empresario crea que pueda otorgárselo fácilmente,
él utiliza dos tácticas: primero, pide tiempo
para pensarlo; y segundo, pone condiciones.
En vez de ceder inmediatamente ante el cliente, dice:
No puedo darle una respuesta en este momento, necesito
tiempo para verificar si puedo hacerlo y continúa:
Si pudiera aprobar la rebaja, sería con la
condición de que usted pague por adelantado.
Entonces, cuando el ejecutivo finalmente otorga el descuento,
el cliente lo aprecia mucho más porque no le fue
tan fácil adquirir lo que deseaba.
Por eso le dije a mi estilista que la próxima vez
que un familiar o amigo le pida algo gratis, le diga que
no puede confirmarle hasta que verifique su ocupado
libro de citas y si accede, es con la condición
de que pague por el costo de los productos, ¡e incluya
un boleto para el concierto de su preferencia!
Mi estilista me aseguró que a partir de ese momento
aplicaría estas tácticas, y no pasó
ni un minuto cuando ya estaba sonando su celular, era
un pretendiente invitándola a una fiesta. Usualmente
ella accede sin titubeos y hasta pasa a recoger al muchacho
en su carro deportivo, pero esta vez respondió:
Me encantaría ir pero tengo que ver mi agenda
porque estoy muy ocupada, y si puedo acompañarte
tú pasarías a buscarme. Tras colgar,
sonrió y dijo: Olvidaste señalar que
éstas tácticas también aplican en
el amor!
|