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2. Dieta. Olvida las dietas milagro, perjudiciales para
tu salud, y procura seguir una alimentación sana,
variada y equilibrada. Se recomienda una ingesta extra de
fruta, verdura y fibra. Además, beber dos litros
de agua cada día previene la aparición de
estrías e hidrata tu piel.
3. Hidratación
constante. Se recomienda aplicar una crema nutritiva
desde el pecho hasta el cuello y los hombros, al menos dos
veces al día y, preferiblemente, después del
baño. Extiende la crema acompañándola
de un masaje con extrema suavidad. Algunos aceites vegetales
(de borraja, germen de trigo, onagra...) tienen efectos
protectores, revitalizantes y antiarrugas. Una vez por semana
y antes del baño no está de más aplicar
una mascarilla nutritiva que nutra la piel.
4. Baños
con agua fría. Aunque dé escalofríos,
es muy beneficioso darse chorros de agua fría en
esa zona. Un masaje con un cubito de hielo revitalizará
tu piel. En cambio, si te aplicas agua caliente, favorecerás
la relajación de tejidos.
5. Un sujetador
a tu medida. Es uno de los mejores aliados de la mujer
y cada momento o actividad requerirá un sostén
diferente. En líneas generales, lo importante en
el sujetador es que sea de tu talla, sin aros a ser posible,
cómodo y transpirable. Es recomendable como tejido
el algodón y que sea elástico.
6. ¡Ojo
con el sol! El pecho es una de las partes más
sensibles del cuerpo a la exposición solar. Si tomas
el sol en esa zona, deberás aplicarte un factor de
protección solar muy elevado para evitar quemaduras.
7. Espalda
recta y sacando pecho. ¡Firmes! Una postura con
la espalda recta en todo momento, que impida que los pechos
reposen sobre la caja torácica, es la más
saludable. Recuerda que ir encorvada favorece la caída
del pecho y te hace parecer más bajita. Cuida el
peso, porque los cambios bruscos no son beneficiosos y no
te acomplejes: saca pecho y ve erguida, tu pecho se mantendrá
más firme.
8. Autoexploración.
No olvides revisarte las mamas en casa periódicamente
para tratar de inmediato cualquier anomalía que puedas
detectar (un bulto, por ejemplo). Si rondas los 40 años,
será un buen momento para iniciar las revisiones
anuales en un especialista médico (tu ginecólogo,
por ejemplo), que garantice el buen estado de tus pechos.
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