|
Cuando
una mujer por primera vez va a ser madre, si ella quiere,
si trata de ir hacia dentro, la experiencia puede ser
única, transformante, hasta llevarla a encontrarse
frente a sí misma y comprender el porque, Dios
quiso que fuera mujer. Pues de esa interioridad que comienza
a vivir, se desprende su permanente cuidado por lo íntimo,
lo cercano
La mujer que tiene éxito,
es aquella que esta atenta al tipo de cultura humana que
se está forjando en el hogar, que junto a su pareja
una vez fundaron; es la que sabe que su misión
es "tirar hacia arriba", de sí misma
y del hombre prendado de ella, prendido de ella (Julián
Marías). Es la que se preocupa del ambiente en
que cada persona de su familia se forma. En el concebir
y dar a luz un hijo, repito, la mujer "se realiza
en plenitud a través del don sincero de sí".
¿Por qué don sincero? Porque no a todas
nos gusta la idea de perder la silueta, la libertad de
ir y venir por donde se venga en gana, pues desde que
llega un hijo, la vida cambia totalmente y la responsabilidad
está por delante.
La mujer y su éxito
se desarrollen en la medida en que ésta eduque
sobre todo la inteligencia propia y la de los suyos, hacia
el descubrimiento de Dios, pues la inteligencia nos ha
sido dada para buscar y amar a Dios, sobre todas las cosas,
para que oriente así, la propia conducta y los
actos al bien. La mujer que tiene éxito, es la
que cuestiona a su inteligencia, llegando a la conclusión
de que "la naturaleza del ala es levantar hacia lo
alto las cosas pesadas" (Platón), es decir
lo grave; concretamente la gravedad del varón.
Es la que se atreve a ir muy lejos, y a llevar al hombre
atraído en su persecución, citando una vez
más a Julián Marías. Es la que hace
del hombre, del amado, más hombre, más persona.
La mujer exitosa es la que
hace lo mejor posible, la que se esfuerza por dar lo mejor
de sí. Sabe que este tipo de éxito no es
espectacular, no brilla, no hace ruido, no deslumbra.
Exitosa es la mujer que asume
el rol que desempeñará en la vida, con sus
ventajas y desventajas. La que no responde con un "¿Por
qué a mí?", sino con un "¿Para
qué?", a la vida. Exitosa es la novia, la
esposa, la madre que con madurez asume que es ella el
eje sobre el que gira su hogar, y persevera en el mayor
de los retos: criar hijos que puedan decir "la felicidad
soy yo, tú me lo enseñaste así, mamá".
Exitosa es la mujer que,
llena de fe, sabe que la vida del hombre está en
sus manos, y que tiene presente que en su casa el más
pequeñito de la familia siempre será el
marido, pues así, con esto en mente, el poder femenino
interior: ternura, compasión, intuición,
receptividad e instintos pacificadores, funcionará
como fuerza transformativa y no como debilidades.
El éxito, desde mi
humilde opinión, debería siempre asociarse
a lo más profundo del ser, a la persona y su dignidad,
y no a lo que material e intelectualmente logramos. Si
lo pensamos de esta manera, nuestro éxito estaría
supeditado a vivir nuestra vida de acuerdo con principios
inquebrantables y no negociables, y a sentirnos felices
y plenas con esto.
|